LA CUESTIÓN DE LA ENERGÍA NUCLEAR

Alberto Méndez Arocha

Hace varios lustros se planteó seriamente la expansión de la energía nuclear para el abastecimiento de centrales termoeléctricas, agotados los sitios para las instalaciones hidráulicas más económicas, y ante el ascenso de los precios del petróleo. Sin embargo, los problemas tecnológicos, básicamente el almacenamiento de los desechos, con una vida radiactiva de milenios, es un asunto que no se ha resuelto satisfactoriamente, puesto que incluso bajo las mayores profundidades no se está a salvo de escapes por eventuales cataclismos a través de los siglos.

En estas condiciones, aparte de los escapes por accidentes directos en las instalaciones, las inversiones en termoeléctricas nucleares se suspendieron por un tiempo, aunque ahora parecen renovarse en Estados Unidos.

Es desatinado, a nuestro juicio, que Venezuela esté pensando en invertir en el desarrollo de esta industria de la "energía diabólica", cuando no debería requerirse por razones energéticas, dada la abundancia de hidrocarburos en el país, sino para entrar en el club nuclear por razones políticas, seguramente para acabar con la pobreza mundial redistribuyendo la renta con el socialismo del siglo XXI.

Sin embargo, dominar la tecnología nuclear llevaría tanto tiempo y dinero que parece un camino demasiado largo y tortuoso para lograr el poder por parte de los países pobres en el mediano plazo -- y quizás convendría considerar otros escenarios más pragmáticos, empezando por sembrar el petróleo mientras dure y antes que se mueran de hambre los pobres.

 

 


     
 
     

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